La espera terminó en Buenos Aires: la banda AC/DC volvió a pisar el estadio de River Plate en el primero de sus tres esperados shows en el Monumental. A casi 17 años de su última visita, el grupo demostró que el tiempo no hace mella en su poderío y renovó ese pacto de identidad que tiene con el público argentino, el cual vive el recital como propio.

La ceremonia de AC/DC en River: generaciones unidas por la historia

Desde temprano, tanto dentro del estadio como en sus inmediaciones, el paisaje se tiñó de rojo con los clásicos cuernos diabólicos. La espera para ver a AC/DC en River unió a múltiples generaciones: los que vivieron su experiencia fundacional en los años noventa, los que crecieron escuchando esas historias míticas y los que llegaban por primera vez para presenciar algo irrepetible.

La noche arrancó a pura adrenalina con un corto animado proyectado en las pantallas que simulaba un viaje a toda velocidad hasta irrumpir dentro del Monumental, dando paso a los primeros acordes en vivo de “If You Want Blood (You’ve Got It)”. "Nos encanta estar de vuelta, vamos a hacer un poco de rock n roll esta noche", pronunció el líder Brian Johnson, antes de atacar inmediatamente con clásicos de la talla de “Back in Black” y “Shot Down in Flames”.

El despliegue escénico en River: AC/DC y la inagotable energía de Angus Young

Si hay un corazón que mantiene vivo el espíritu de AC/DC en su paso por River, ese es, sin dudas, Angus Young. A sus 70 años y vistiendo su infaltable traje escolar, el guitarrista sigue encarnando una figura diminuta pero con una potencia arrolladora sobre el escenario. Con su reconocible coreografía del duck walk, sus solos implacables y una conexión sin palabras con la audiencia mediante gestos y pedidos de más volumen, demostró que su entrega no negocia con el paso del tiempo. Por su parte, la voz de Brian Johnson mantiene intacta su identidad con ese tono rasgado y filoso, complementado por sus bailes y su naturalidad como frontman.

El show avanzó como una descarga de alto voltaje sin pausas ni desvíos, acompañado por una puesta en escena que, si bien cambió al apoyarse en un diseño de luces preciso y sin grandes artificios, conservó su esencia. El público, como es costumbre, devolvió la energía coreando cada línea de bajo y riff. Sonaron himnos inconfundibles que desataron la euforia inmediata, tales como "Thunderstruck", "Hells Bells", "Highway to Hell", "Shoot to Thrill" y "Dirty Deeds Done Dirt Cheap". También hubo lugar para representar a Power Up, su último disco que le da nombre a la gira, a través de temas como “Demon Fire” y “Shot in the Dark”.

Es innegable que el paso del tiempo dejó huellas en la forma en que se vive el recital: las pantallas de los teléfonos celulares multiplicaron la escena y la división del campo fragmentó una experiencia que en el pasado solía ser más homogénea. Sin embargo, hacia el final de la noche, la intensidad volvió a concentrarse de forma explosiva con himnos como “You Shook Me All Night Long”, “Whole Lotta Rosie” —esta vez con una proyección en pantalla reemplazando a la clásica muñeca inflable— y “Let There Be Rock”, donde un infinito solo de Angus lo encontró girando sobre el suelo en una tarima elevada, llevando el tiempo al límite. Finalmente, el cierre definitivo llegó con “T.N.T.” y los épicos cañonazos de “For Those About to Rock (We Salute You)”, coronando una ceremonia inolvidable que brilló por la certeza de que todo ocurrió exactamente como debía ocurrir.